Miedo

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“Miedo, de caer a los infiernos,
miedo a que me tengas miedo,
de no verte nunca más” – Mclan

Sí. Miedo. Esa sensación de no saber si el camino que has escogido es el idóneo. Cuando decides dejarlo todo y apostar por algo tan poco tangible como la posibilidad de conseguir una plaza como funcionarix, te asaltan las dudas.

Nunca he dejado nada a medias, jamás he abandonado lo que estaba haciendo por muy difícil que se pusiera, pero claro… sabía que tarde o temprano, con esfuerzo, seguro que llegaba a la meta (si estudias muchísimo te sacarás la carrera, o el master…) pero aquí por más que estudies y te dejes la vida, no sabes a ciencia cierta si lo conseguirás. Esta incertidumbre es la que me mata. Pero me mata hasta niveles incontrolables, tanto que algún que otro día, después de la jornada de estudio, de sudar porque no me entraban los temas que me tocaban y de sentirme la persona más inútil del universo, decidir dejarlo todo.

Sí, muchos lo sabéis porque lo hemos ido hablando,otros muchos no porque no me gusta ir con la negatividad por delante, prefiero analizarlo todo bien antes de explicar qué me sucede, no vaya a ser que sea una pájara momentánea. Pero recuerdo muy bien esos días, y fueron varios, a mitad de la primera vuelta de penal especial. Yo repetía y repetía, pero los artículos no se fijaban bien, iba a los cantes (al preparador) con pánico y unos nervios que no eran normales. Uno de esos días, como os digo, después de estar estudiando horas, peté. Me puse a llorar desesperada, agobiada, cansada y hundida. Empecé a repetir que lo dejaba y que lo dejaba y que yo no valía para esto y que no podía estar así (y un largo etcétera). Fueron un par de horas de apocalipsis y os diré que estaba convencida de dejarlo, mi chico solo me escuchó, dejó que me desahogara y cuando me tranquilicé me dio su opinión y yo me quedé en silencio. Estuve unas horas de reflexión bastante heavys.

Al día siguiente me desperté como siempre y me senté en mi escritorio. Me dije a mi misma que jamás había abandonado nada y que no podía ser ese momento la primera vez. Así que nada, estudié como siempre, con el ímpetu de decir: ¡VENGA QUE ESTO SALE SI O SÍ! Terminé el día y me aprendí los artículos del dichoso código penal. Cuando decidimos subir después de haber caído, lo hacemos con el triple de fuerza. Somos invencible ¡Leñe! ¡Estamos hechos de otra pasta!

Con esto, lo que os quiero decir es que tener bajones, querer abandonar, desesperarse, agotarse, vencerse al miedo de fallar, es normal. Mi problema básicamente es el de pensar que estoy invirtiendo TODA mi vida por algo que no sé si voy a conseguir  y esa sensación de quizá no conseguir el objetivo y sentir que he perdido el tiempo (aunque no lo haya perdido porque estar estudiando una oposición como esta puede traer otras muchas cosas) pero el resultado sería no haber llegado a esa ansiada plaza, me come. De verdad os lo digo, me come por dentro. Después de ese día de caos he tenido algún que otro bajoncillo, pero mínimo, y sé que es normal, que tendré más y que esto es lo que hay. Consecuencia de estar subida a esta noria opositoril en la que voy.

No sé si me he explicado bien pero hablar de esto no es fácil, son muchas sensaciones y ordenarlas todas es complicado, porque se amontonan y quieren salir todas de golpe.

En resumen, las cosas hemos de hacerlas, con miedo, sin miedo, y de todas la maneras y no dejar que este compañero negativo nos venza. Podemos, solo hemos de confiar en ello y no dejar de luchar.