Escúchate.

      Comentarios desactivados en Escúchate.

En muchas ocasiones no nos damos cuenta, pero vivimos sacrificándonos. ¿Qué quiero decir? Somos quienes madrugamos, para poder empezar temprano el estudio, además hacemos triquiñuelas para poder llegar a todo; las cosas de casa, problemas familiares, necesidades de personas de nuestro entorno… Todo lo que sea por cumplir. Nos robamos horas de sueño, nos sentimos responsables por no llegar, por abandonar una reunión familiar en el mejor momento, por limitar las cenas a una hora y un día concreto, porque contamos el tiempo que podemos darnos al lujo de salir y desconectar. Si nos marcamos una hora concreta para estar en casa, hay que cumplirla y si no es así, aparece el agobio  y la ansiedad. Porque hemos de cumplir, sí o sí. Punto. No hay más. No nos damos tregua.

Pero, ¿cuánto tiempo puedes vivir así? ¿Cuánto tiempo puedes vivir estresadx pegadx al reloj? ¿Sin disfrutar de los momentos de descanso porque estás pensando en cuando lo terminarás para poder rendir al día siguiente?

El otro día me preguntaron que cuanto más tiempo iba a seguir en este camino. Cuanto estaba dispuesta a pagar para conseguir mi sueño. Cuando me dijeron “pagar”, me di cuenta de que en realidad el sacrificio es tal, que parecemos masoquistas. Decidimos voluntariamente embarcarnos en este camino. Que desconocemos. Que es difícil y duro. Que no sabemos si llegaremos a terminar. Pagamos un precio elevado, porque vida solo hay una y la vamos perdiendo mientras solo nos dedicamos a estudiar. Pensé que entonces algo no estaba haciendo bien. Que no se puede vivir para opositar, sino que hay que vivir y opositar. ¿Cómo? Aprendiendo a no sentirnos culpables si nuestro cuerpo nos pide una pausa, si hemos de dejarlo antes de lo pensado ese día porque ya no nos cunde y lo que de verdad necesitamos es sentarnos en el sofá y desconectar. A darle ese espacio a las personas de nuestro entorno, cuidarlas como ellas a nosotros, porque esos momentos se marchan y no vuelven, no hemos de desapovecharlos al 100% tampoco. Sin acostumbrarnos, claro está, pero si que aprendiendo a ser realistas, a no fustigarnos tanto por no cumplir las expectativas, que al final son solo nuestras, aprendiendo a escucharnos más para vivir mejor. El camino de la oposición es largo, y aparentemente dificil y duro, en nuestra mano está quedarnos con un buen sabor de boca al terminarlo. Sintiendo que no nos ha engullido, sino que hemos podido surcarlo viviendo. Sí, menos horas que el común de los mortales, pero viviendo el tiempo que no pasamos entre apuntes. Viviendo, y opositando como una de las tantas facetas de nuestra vida. Es un trabajo, y por lo tanto como tal nos lo hemos de tomar. ¿Cuando uno sale de la oficina se fustiga por no estar trabajando? No, ¿verdad? Pues nosotros tampoco debemos hacerlo.

Somos nuestros propios jefes y en la mayoría de los casos eso significa ser todavía más exigentes de lo que ellos serían. Demonos un respiro. Una palmadita en la espalda cuando lo hagamos bien, y un abrazo cuando no podamos más y necesitemos parar. Sin reproches. Sin agobios. Si no nos escuchamos, de lo que estoy segura, es que al final no llegaremos jamás.

Este camino lo terminan quienes resisten, sobretodo, ellos.