Mi primer examen.

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Después de tanto hablar del 7 de octubre, llegó. Llegó estando yo con fiebre, llevando varios días sin poder estudiar, con nervios por encontrarme mal, con la inseguridad por no haber podido repasar porque estaba agotada y mis días transcurrieron  entre el sofá y la cama.

Llegó y el cuerpo, sin que yo me lo esperara, me dio un respiro. No tenía fiebre y eso ya era un logro. Me levanté a las 7h de la mañana, después de dormir toda la noche del tirón. Desayuné como siempre y sin hablar del examen, salimos de casa. A las 9h estábamos en la sede; mi madre, mi chico  y yo. Buscamos el aula donde tendría que examinarme y fuimos a tomar un café. Yo realmente un zumo, cafeína no gracias ; ya sabéis cómo me sienta xd

A las 09.40h nos plantamos delante de la que iba a ser mi clase. Ni pizca de nervios. Simplemente algo de intranquilidad, por querer entrar, sentarme y empezar. Estaba tan cansada… me encontraba tan mal… tanto dolor de cabeza, que creo que mi cuerpo no podía procesar los nervios. Durante 20 minutos fui viendo llegar a mis compañeros. Me fijé en sus caras; intranquilidad, nervios, ganas, inseguridad… las sensaciones lógicas antes de un examen de estas características. Nos fuimos amontonando ante la puerta mientras esperábamos escuchar nuestro nombre.

A las 10h salieron a llamarnos, uno a uno por orden alfabético, los que íbamos a entrar en aquella clase 001. Los nervios llegaron, todos nos movíamos intranquilos, deseando escuchar nuestro nombre y cruzar aquella puerta. Nuestras miradas se cruzaban intranquilas, hablando en silencio, y apoyándonos sin cruzar ni media palabra.

Escuché mi nombre y respiré hondo. Me acerqué a la puerta, enseñé mi DNI y entré. Sin girarme para mirar a nadie, solo quería llegar, sentarme y empezar.

Me ubicaron arriba de todo en una esquina. Subiendo los escalones intenté visualizarme triunfante; ya sabéis que soy mucho de visualizarme xd

Ya sentada, saqué mi bolígrafo azul y el lápiz. Una bolsita con nueces y mi botella de agua. En el bolsillo derecho del pantalón llevaba dos cintas de la medida de la Virgen del Pilar, las saqué y jugué con ellas entre los dedos. Fui fijándome en mis compañeros, a ver si reconocía a alguien en un intento de encontrar una cara amiga en la que apoyarme y poder decir: “estoy acojonada, tengo miedo” Pero no. Aunque poco importó, en la fila de delante se sentaron dos chicas super majas, no sé su nombre, solo que una venía de Sagunto pero era maña y la otra era de barcelona. Empezamos hablar, comentando nuestras sensaciones, las veces que nos habíamos presentado, dudas… pero no hablamos de las asignaturas en sí, no nos preguntamos “¿has mirado esto? ¿Has estudiado lo otro? No. Solo nos desahogamos hablando de como nos sentíamos en ese momento.

40 minutos estuvimos sentados en aquella clase, sin hacer nada… muchos sufriendo y poniéndose nerviosos, otros relajándose antes de empezar. 40 minutos que se me hicieron eternos.

A las 10:50h repartieron el examen, que evidentemente no podíamos abrir. En mi caso no sentí nervios, sentí ansiedad. Simplemente porque NECESITABA ver qué preguntas habían decidido formar parte de esa primera experiencia. A las 11h en punto nos dijeron que ya podíamos empezar. Respiré hondo y abrí el examen rompiendo por la línea de puntos, el precinto que llevaba el cuaderno de preguntas.

Suspiré. Sentí una bocanada de aire que huía desde el estómago. Cerré los ojos, metí las cintas del pilar en el bolsillo de nuevo, y abrí el cuaderno de preguntas.

ALUCINÉ. No voy a mentir… las preguntas de la primera página, que correspondían a derecho constitucional, me parecieron difíciles, rebuscadas y no las localizaba en mi mente… no formaban parte (algunas de ellas) de mis apuntes, y entendí que tenía tres opciones: arriesgarme a modo quiniela, utilizar la lógica, o dejarlas en blanco.

Hice una primera lectura, contestando solo las preguntas que tenía CLARAS al 100%. Cuando llegué a procesal, las dejé en blanco porque yo no lo llevaba estudiado.

Volví a la primera página y empecé de nuevo, deteniéndome en las preguntas que había dejado en blanco por no verlas evidentes, y me detuve con más calma, pero aun y con todo, dejé preguntas en blanco porque NO LAS VEÍA NADA CLARAS.

Por último, repetí el proceso, intentando aplicar el sentido común aquellas preguntas que no tenía en mi cabeza, y en algunas de ellas decidí arriesgarme.

Os diré que no estuve nerviosa, hice el examen tranquila. Imagino que saber que objetivamente no era mi convocatoria, que no era la convocatoria decisiva de mi vida, me ayudó a no ponerme taquicárdica, que es lo que suele pasarme siempre.

A las 12:10h entregué mi examen. No se si es algo positivo o no, pero jamás he sido de las que se eternizan ante las dudas… soy bastante tajante; si me lo sé, bien, sino, no. No soy de darle 20 vueltas porque entonces  dudo hasta de mi nombre, así que cuando consideré que no tenía nada más que hacer y que cualquier repaso más iba hacerme dudar de todo, hasta de lo que tenía claro, decidí marcharme.

Salí y sentí alivio. Ya estaba hecho. Ya no había vuelta atrás y me sentía satisfecha. Salí contenta porque pude contestar, porque hubo preguntas que me sonaron, que sabía donde estaban en mis apuntes, porque pude responderlas con seguridad. ¿Hubo otras muchas que no? Sí. Pero me daba igual, yo había sido capaz de hacerlo con tranquilidad y con calma, y eso conociéndome era un triunfo.

Resultados podrán darse varios. Pero ninguno me arrebatará la sensación con la que salí de aquella clase; satisfacción porque había podido llegar a hacer aquel examen, cuando meses atrás me planteé bajar del tren.

Espero que a vosotros os haya ido bien. Os deseo mucho éxito. Y si no puede ser este año, será al siguiente. Lo importante es seguir batallando.